CARTA DE DESPEDIDA A UN PRESIDENTE

Se va, lo deja, no repite.
Llegó, vio y venció.
Gobernó, mandó, mandó mucho.
Intentó aplicar su ideario y se quedó en las formas. En los gestos, no siempre apropiados y muchas veces extemporáneos.
En regalos mensuales universales a retirar en cuanto fue mal lo que nunca iba a ir mal, creando ficticios empleos, a pagar por ayuntamientos sin un real, levantando y poniendo aceras. 
Refundando el idioma en la memez, el Estado con estatutos imposibles y financiaciones a la carta del hemiciclo conveniente.
Buscando, sin duda lleno de buena intención, la paz definitiva en un conflicto mal llevado, con negociación cándida y chapucera. Una vez desengañado volvió a la receta eficaz, antibiótico de uniforme y toga y política pragmática contra el enemigo.
Socialista capitalizado por los mercados y las derechas germánicas y de ultramar, recortó todo lo recortable, y lo que te rondaré morena.
Le dieron leña, la que merecía y la que no merece nadie pero sabía a quién tenía enfrente, a la derecha intereconómica  con un líder que no es.
Váyate bien, protolíder al que voté de forma subsidiaria, o en negativo. Descansa que no descansaremos porque a muchos no nos queda ilusión sufragista alguna, viendo el panorama, el que había contigo y el que habrá sin tí.

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